25/03/2026
Por Alejandro Latorre
Desde su trinchera de guillotinas, reglas y computadoras,
Marcos custodia el alma de este valle encantador. Por sus manos pasan los
libros del historiador Néstor Dipaola que habitan las aulas, y también esas
páginas que le hacen cosquillas a la monotonía, como aquel grito de libertad
titulado "Sin pelos ni en la lengua", escrito por una depiladora
junto a sus chicas. En su taller, el papel no es solo celulosa; es el cuerpo de
las ideas y las anécdotas de nuestra gente.
En estas horas previas a un nuevo aniversario de su querida
Facultad de Ciencias Económicas, el Licenciado y docente de la UNICEN deja que
la nostalgia alegre lo asalte. Son recuerdos con potencia vital: los asados
bajo los eucaliptos para seiscientos estudiantes sobre una cama de resortes;
los viajes a Capital para traer las telas que serían los "mantos
sagrados" de la tribuna del León. Anécdotas de un tiempo donde la mística
del Centro de Estudiantes se construía a pulmón, lejos de la corrección
política y cerca del barro y el abrazo.
Como bien señaló el economista Ludwig von Mises: "La riqueza
de una sociedad no consiste en las cosas, sino en la capacidad de los hombres
para crear". Marcos es la prueba viviente de esa premisa. Formado en la
universidad pública, no se sentó a esperar el progreso: lo inventó. Transformó
el conocimiento en una pyme que late, que genera empleo y que sostiene la
cultura local.
A su anterior taller lo bautizó "La Copia". Fue
una paradoja hermosa: en aquel rincón donde todo se multiplicaba, habitaba un
hombre de una originalidad inquebrantable. Si el poeta Walt Whitman decía que
una hoja de hierba es la bandera de un carácter, los hijos de papel y tinta de
Marcos son el refugio de los valores de su padre obrero, los mismos que hoy
hereda su "pichón", estudiante y laburante a la par.
Quienes visitan su actual taller sagrado en Colón 945 lo
notan enseguida: en el aire, entre el olor a solvente y el ruido de las
máquinas, vuelan como palomas el altruismo, la dignidad y la honradez. Porque
ser un León de Económicas no es solo ostentar un título; es, como lo exhibe
Marcos, saber que la verdadera economía es la que se hace con agallas, ternura
y el compromiso innegociable de ver crecer al vecino.
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